miércoles, noviembre 15, 2006

La pesadilla

De una luz muy intensa paso a una sombra repentina, casi brusca, que sin embargo me agrada. Los ojos se van acostumbrando gradualmente al cambio, hasta que empiezo a vislumbrar una extensión tan vasta que parece toda la tierra en un mismo plano. Todo el suelo está cubierto de rocas angulosas y afiladas, de manera que resulta difícil caminar sobre él. El cielo es de un rojo intenso, mezclado con el azul violáceo de unas nubes muy densas. En el horizonte, a una distancia insondable, destaca una silueta gigantesca. No se mueve, pero parece estar viva. Es lo único que me confirma que no es una montaña. Sin voz, sin sonidos, siento que me llama, y al mismo tiempo se acerca. Está demasiado lejos, pero me llama y se acerca. Un terror doloroso me presiona entonces desde dentro. Aquello que viene desde cientos o quizá miles de kilómetros me llama por mi nombre y sé que me conoce, que sabe quién soy. De alguna manera, aunque lo veo de frente, se acerca por detrás. Y al final, cuando llegue, tendré que estar en alguna parte.

El sueño termina igual que empieza: de golpe. Aunque el terror permanece aun cuando he despertado por completo y tengo conciencia de la realidad. Espero que podáis ayudarme. Llevo días sin dormir porque se repite a veces...